lunes, 11 de diciembre de 2017

Dilitología

Llevo días con insomnio y me paro a pensar por qué, aunque sepa la respuesta con una certeza dolorosa. Me auto-diagnostico un insomnio debido a una oclusión emocional, una oclusión visceral que no me deja vomitar las emociones. A todos nos ha pasado eso de tener un grito en la epiglótis encerrado que se inflama a ritmo de segundero que nos oprime la laringe y provoca una dificultad absurda de querer.
Tengo insomnio porque he aprendido a soñar con los parpados abiertos por vacaciones, la mente cerrada y el pecho pendiente de una inauguración. No duermo porque una vez me dijeron que dormir era perder el tiempo, y porque Machado dijo que "Descansar, es empezar a morir". Porque leo en los cráteres de la luna un mensaje de plata que me dice que corra y que vuele.
Supongo que no duermo porque la noche es el momento en el que le doy la espalda al sol, y así no me ciega las ideas. La nocturnidad es una actividad artística y erótica que me absorbe, me incita y me eleva. Y el nudo en la garganta se hace más pequeño. La oscuridad aterra al hombre por puro narcisismo, el ser humano cree que tiene el derecho de auto-proclamarse conocedor mundial universal del universo mundial y teme a lo que no conoce porque da por hecho que le va doler, como la muerte. Pero Schrodinger y su mascota ya advierte que lo que no vemos es más interesante.
Es curioso que siempre acabe escribiendo de lo mismo, el miedo, la muerte, lo desconocido, lo inalcanzable.
Ahora que estoy escuchando una canción de amor me pregunto el por qué de la falta de romanticismo en mi vida, y creo que me falta un factor común, las ganas. Supongo que aunque crea lo contrario en mi interior no quiero enamorarme por la misma razón por la que tengo miedo a la oscuridad, por miedo a lo desconocido, por miedo a lo que no se ve. Nos meten el puto amor desde niños con un embudo en la cabeza y nos lo presentan como algo fácil, pero el amor es algo muy complicado para una persona como yo. Vivimos en un mundo en el qué hay ciencias para todo, la Oología estudia los huevos, la teología, la musicología,  la antropometría, la tricología... y un larguísimo etcétera, pero no tenemos la que yo llamaría, diligitología, un estudio exhaustivo y centrado en esa condición tan humana como puede ser el enamoramiento desde todas las perspectivas posibles, no existe porque no habría ciencia más compleja y porque los pobre dilitólogos se volverían perdidamente locos, estudiando algo tan virtual, sería una ciencia fuera del método científico que terminaría convirtiéndose en una religión, adorando y estudiando a algo que no sabemos si existe o no.
A lo mejor no existo ni siquiera yo.
Empezar hablando del insomnio y acabar hablando del amor tiene una relación escalofríante.
no duermo porque soy un dilitólogo con un tango pendiente con la oscuridad,
empecé diciendo que sabía con certeza el motivo de mi insomnio y aquí lo he escupido.
Buenas noches, me voy a dormir, o a soñar.

martes, 17 de enero de 2017

La causa de mi efecto.

Quiero proponerte una cosa
que seas la causa de mi efecto
que seas la leña de mi fuego
y mi hora del Té
y el Te de mi 'te quiero'
y que te conviertas en el 'quiero' de mi 'necesito'
que seas el frío norte de mi brújula
y el sur de mi sofocos.
Que seas la cuerda que agarra mi locura,
y las tijeras que rompen todo el nudo de cordura,
Caer en ti como lo hago,
como cuando el ancla de un barco toca el suelo del mar,
despacio pero con fuerza,
quiero anclarme en tu arrecife y bucear por tus corales
bucear por tus colores
pasear por el rojo de tus mejillas y tus labios,
volar sobre el negro de tus cabellos y atravesar el azabache de tus ojos,
y rodar por el color de tu voz,
por el sonido jadeante de tu respiración comprometida,
quiero que hagamos un viaje a nuestro propio ecosistema,
por el ambiente que hemos creado entre nuestras bocas,
donde no sopla el aire ni corre el tiempo,
pero en el que el espacio esta constantemente encogiéndose hasta que nuestros labios vuelvan a rozarse,
donde lo físico,
se convierte en químico,
y lo químico en mágico,
y lo mágico en nuestro.